Nuestros Mayores

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En las civilizaciones antiguas y años atrás, la imagen de los ancianos era muy respetada y tenía gran importancia para la sociedad. Sin embargo a día de hoy, y a pesar de que su detección es muy compleja, es alarmante la cantidad de ancianos que son maltratados.

Se considera maltrato al anciano el acto u omisión, que vulnere o ponga en peligro la integridad física, psíquica, sexual o económica, incluidos el principio de autonomía y el resto de los derechos fundamentales, de aquellas personas mayores de 65 años.

Según el estudio “Maltrato de personas mayores en el ámbito familiar en España” del año 2008, elaborado por el centro reina Sofía, 1 de cada 100 mayores de 65 años es víctima de violencia intrafamiliar. El 80% de las víctimas son mujeres, aunque esta cifra puede ser explicada por la mayor longevidad de la mujer así como la mayor probabilidad de sufrir enfermedades degenerativas o discapacitantes.

Sin embargo, el ámbito familiar no es el único en el que las personas mayores sufren estos maltratos, ya que en los últimos años han sido varias las residencias españolas denunciadas por este motivo.

El maltrato a los ancianos puede ser físico, emocional, financiero (cuando incluye robos, falsificación de firmas o documentos) negligencias (no suministro o abuso de la medicación) hasta darse casos de abandono de ancianos.

Como norma general la probabilidad de ser víctima de estos abusos incrementa para aquellas personas mayores que no tienen parientes o amigos cercas en los que refugiarse para denunciar la situación o  aquellos que sufren pérdidas de memoria o discapacidad física.

Los indicios de abuso o negligencia pueden percibirse por:

–   Características físicas: moratones, quemaduras, etc.

–   Comportamientos inusuales: pérdida de peso progresiva, aparente depresión, insomnio, mece el cuerpo como muestra de trauma, se vuelve retraído, etc.

El maltrato a las personas mayores, como el resto de la violencia, no va a desaparecer por sí solo, y a pesar de que poco a poco va haciéndose más visible, su detección es complicada debido a la vergüenza y/o miedo que sufre la víctima al relatar el abuso.

En caso de creer que alguien está siendo vejado de esta manera, se debe hablar con él/ella a solas, explicarle nuestras sospechas y ofrecerle nuestra ayuda. Posteriormente acompañarle a los servicios sociales de atención primaria o al centro de salud, para que trabajadores sociales, médicos y enfermeras puedan ayudar a la víctima, analizar e investigar la situación. Es importante denunciar estos casos para que seamos conscientes de la situación existente para buscar soluciones y formas de erradicarla.

Redactado por Sandra Sanz Martínez.

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